No pensé que iba a escribir ésta entrada con tan poco tiempo de la anterior, pero llegó.
Me siento en caída libre, con ganas de gritar, de patear, de llorar, de reír... De salir de mi mismo, escapar hacia un lugar donde mi cuerpo no me persiga con una cabeza pesada que trata de absorberme. Aquel sitio donde sólo sea una mente en blanco o una brisa en un campo solitario.
Necesito y no lo encuentro... Lo peor es que tampoco están esos brazos, aquellos que aprietán fuerte dejando marcas en la espalda; esos dos labios que se conectan con los míos para transportarme sin escalas a una soledad acompañaban: el seguro de vida que quisiera me acompañase en el largo trayecto de ésta caída libre.
Para mi princesa.
Hace 12 años
3 comentarios:
amigo todo bien? Tal vez no soy los brazos que quieres pero si una mano que amortigue un poco el trancazo
Creí que ya te había comentado.
Si vas a caer, cae del todo, cuando tocas piso es mas facil levantarse.
no sabes cuanto duele leerte asi y no poder siquiera hablarte para intentar frenar esa caida...
Mica
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